ONU: destrabar el bloqueo de reformas

En Alemania, el debate en torno à la Organización de las Naciones Unidas no se ha centrado en funcionamiento, sino en los esfuerzos por obtener un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero no mirar à la crisis es un error. Si el Consejo de Seguridad funciona con o sin Alemania como miembro permanente, sólo tendrá importancia marginal para el futuro de las Naciones Unidas. Mucho más importante será si la secretaría general de la ONU tiene la capacidad, el personal y la integridad para abordar las tareas con éxito.

Más que una plataforma de cooperación

Hoy en día las Naciones Unidas son mucho más que una plataforma de cooperación entre Estados. Como organización crecientemente basada en sus operaciones en el terreno, cumple tareas cada vez más complejas, como en el campo de la asistencia humanitaria o en la consolidación de la paz.

Sin embargo, los recursos disponibles y los mecanismos de gestión, la capacidad de coordinación y cooperación entre organismos de la ONU y con la sociedad civil y las empresas privadas no tienen una contraparte en la mentalidad de los funcionarios de la ONU y su cultura de organización.

Las reformas sugeridas en marzo por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, responden a estas exigencias: una mayor autonomía y flexibilidad del secretario general en asuntos de personal y de presupuesto, la eliminación de puestos y cargos excesivos, mayor transparencia y responsabilidad hacia dentro y hacia fuera.

El G77 y las reformas bloqueadas

Pero hasta ahora los miembros pertenecientes al G77, que gozan de una clara mayoría en la asamblea general, bloquean estos esfuerzos reformadores. Alemania y la Unión Europea deberían insistir más que hasta ahora, en lo inadmisible del G77 de presentarse retóricamente como el gestor de las cuestiones del desarrollo. Ya que à la vez, con su política de bloqueo, debilitan la capacidad de la organización. Tan sólo pretenden asegurarse cargos y programas por motivos económicos y de prestigio, además de contradecir (casi por principio) a los Estados Unidos.

Sin embargo esta clase actitud sólo provoca el derrumbe del secretariado general, ya que el principal donante de recursos (los EE.UU. pagan un 22%, mientras que los 128 miembros con menores aportes no llegan a 1% del presupuesto de la ONU), no seguirá pagando de manera infinita.

Se requiere un compromiso entre quienes apoyan y quienes se oponen a una reforma. Los EE.UU. deberían abandonar la retórica en la cual consideran à la ONU como un ofertante más del mercado de solución de problemas globales”, un ofertante que los EE.UU usan a su conveniencia.

Como contrapartida, por un apoyo del G77 a las reformas, Washington tendría que comprometerse a pagos regulares e inversiones significativas en las capacidades institucionales de la ONU.

Fomentar la exigencia

El resultado de este compromiso sería una política del fomento y de la exigencia” de la ONU. Es decir, una política que reajusta la relación entre la secretaría general y los países miembros, à la vez que resucita los ideales de un servicio público internacional” de los inicios de la ONU.

Esto también implica que el sucesor de Annan, que será designado hacia finales de año, se comprometa con estas metas. Sólo de esta manera se podrá evitar que luego de la partida de Kofi Annan, la ONU se quede abandonada como un caso médico a orillas del East River de Nueva York.